DEPRESION. TRISTEZA… |
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Todo empezó un primero de abril, cuando apenas tenia dieciocho años. Un día me levanté por la mañana, como siempre, para acudir a mi trabajo, fue el día mas negro de mi vida, jamás se me olvidará.Como todas las mañanas me fui al aseo, para ducharme y vestirme para salir. Al levantarme sentí una extraña sensación que nunca había sentido, como si mi mente no estuviese bien. Al mirarme en el espejo, mi cara no era la misma, mis ojos tenían muchas ganas de llorar, unas pequeñas lagrimas descendían por mi rostro, mi respiración se aceleraba y el pecho me oprimía como si no pudiese respirar.Como pude llamé a mi madre y ella al verme me dijo: - ¡HIJA MIA!, ¿Qué te pasa? No tuve tiempo de contestar, me estaba ahogando, no podía respirar, me desplomé y después no se lo que pasó, me enteré más tarde cuando mi pobre madre me contó todo. Desde ese día mi vida cambió, mi rostro empalideció, y con mis dieciocho años perdí las ganas de reír, de trabajar, y sobretodo de seguir viviendo. Fue terrible, iban pasando los días y no veía ninguna salida, mi mente no podía más.Tenía mi trabajo como estilista de peluquería, ganaba dinero, y un largo etc. Pero incluso los vecinos notaron que algo me pasaba, ya que le preguntaban a mi madre por mí, no se si por curiosidad o por que realmente les preocupaba. Pero yo no creía en nadie, yo no quería nada de nadie y menos de quien para mi eran desconocidos, no quería saber de nada, ni de médicos, ni de mi madre, pobre mujer, ni de mi misma. Me fui abandonando y mi corazón no entendía lo que me estaba pasando, perdí el apetito y la risa, abandoné incluso el cuidado personal y solo lloraba, estaba metida como en un túnel sin salida. El salir a la calle para mi era una maldición, la personas me daban miedo y no quería que se acercasen a mí, solo quería estar acostada y si me levantaba era para lo justo: ir al baño y darle tres vuelta a la mesa de centro, asomarme a la ventana tras las cortinas para que no me viese nadie, y de nuevo a la cama, eso era mi rutina diaria, eso era mi vida. Solo existía para mí este camino.Llegué a pesar tan solo treinta y nueve quilos, era como un muerto viviente, un fantasma que deambulaba siempre en la misma dirección. Por aquel entonces la depresión no se entendía ni se conocía como hoy día, gracias a Dios todo ha cambiado, y ya te escuchan, pero a mí en a aquel momento solo eran pastillas y más patillas. Me tenían “drogada” con tantos medicamentos. Y así pasaron tres años de mi vida, recluida en una casa de ochenta metros cuadrados, la cual en algunas ocasiones me parecía enorme y en otras como un agujero.
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Mi pobre madre había gastado parte de sus escasos recursos económicos en médicos, ya que la Seguridad Social no nos solucionaba el problema. En aquel momento le comentaron que había llegado a Las Palmas un nuevo médico, que al parecer era muy bueno y que podía ayudar a su hija. Ni corta ni perezosa se fue sola a la consulta del citado médico con la intención de no volverse sin haber hablado con él. Después de esperar a que terminase la consulta, finalmente pudo contarle mi caso y la situación desesperada en la que nos encontrábamos, tanto por la ineficacia de los tratamientos a los que había estado sometida como por la falta de recursos para afrontar los gastos de las consultas. El médico, mejor dicho el psiquiatra, le dijo que quería verme.En la primera consulta recuerdo que me dijo: - ¡Hija vamos a dar un paseo cortito, que no puedes estar aquí metida para siempre! Aunque yo me negaba a salir, me convenció y cogimos juntos un taxi. Al terminar la consulta le dijo a mi madre que me llevase a la semana siguiente, mi madre le dijo que ella no podría pagarle lo que costaban sus consultas, y menos todas la semanas, pero le médico le dijo que no se preocupase que de eso ya hablarían. ¡Bendito sea ese hombre! era cordobés, recuerdo que tenia una mirada dulce y eso ayudó a que confiara en él. Después de mucho tiempo de estar tomando una medicación y de muchas conversaciones con él en las cuales fue capaz de encontrar en mis traumas infantiles el origen de lo que me estaba sucediendo (el alcoholismo de mi padre, los malos tratos que infringía a mi madre, la atmósfera familiar de miedo que esta situación provocaba…) empecé a mejorar poco a poco, mi vida fue cambiando y empecé a ver la luz al final del túnel, a ver la salida de ese agujero en el que me sentía metida y del que pude salir gracias a la ayuda de mi madre.
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Desde aquí quiero rendirle un homenaje a ese médico, decirle gracias, esté donde esté. Es un agradecimiento doble, primero por que fue el que consiguió enseñarme a encontrar la salida del agujero en el que me encontraba y por darme las esperanzas que en ese momento no tenía y también por que a pesar de no poder cubrir totalmente sus tarifas, no le importó y siguió tratándome igualmente.Actualmente estoy casi curada aunque sigo con tratamiento, algo de lo que no me avergüenzo, aunque hay personas que me dicen que no diga que voy al psiquiatra. Yo les contesto que me siento orgullosa de que me estén ayudando, pues sería engañarme a mi misma si dijese lo contrario.Toñy Carballido |
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PD: Si alguien se encuentra mal, que no lo dude, que acuda a un médico. Que no le van a llamar loca, como me decían a mi y todavía hay quien me dice. Porque el reconocer que uno necesita ayuda es el primer paso hacia la curación, y así demuestras que estas totalmente cuerda. Yo lo entiendo ahora, ya que cuando se esta metida en una depresión el Mundo no es mundo, es otra cosa menos mundo. |
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