Cuando llega el invierno,
los árboles deben de suspirar de tristeza al ver como caen sus hojas.
Dicen: “Jamás volveremos a
ser como antes”.
Claro que no. De otro modo,
¿cuál sería el sentido de la renovación? Las siguientes hojas tendrán su
propia personalidad, pertenecerán a un nuevo verano que se acerca y que
nunca podrá ser igual al que pasó.
Vivir es cambiar, y las
estaciones nos repiten esta misma lección todos los años. Cambiar
significa pasar por un período de depresión: todavía no conocemos lo nuevo
y tenemos que olvidar todo aquello a lo que estábamos acostumbrados. Pero
si tenemos un poco de paciencia, la primavera siempre llega y olvidaremos
el invierno de nuestra desesperación.
Cambio y renovación son
leyes de vida. Es bueno acostumbrarse a ellas y no sufrir por cosas que
sólo existen para traernos alegrías.