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Acabo de terminar el libro al que
hace referencia el rincón de esta semana y me gustaría animaros a que
lo leáis.
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“El niño con
el pijama de rayas”, de John Boyne, es un libro de no mucho más de 200
páginas que se lee en una tarde. Tan sólo hay que abrir las tapas
azules para sumergirse en una apasionante historia narrada por un
jovencito (perdóname Bruno) de 9 años que no encuentra explicación a
muchas cosas de las que ve.
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Aunque
habitualmente lo que hacemos en el rincón es extraer |
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un fragmento
del texto, en esta ocasión, me tomo la libertad de hacer una excepción
a la norma establecida, ya que estoy convencido de que explicar su
contenido estropearía la |
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experiencia
de su lectura. Para aquellos que todavía no lo habéis leído espero
despertar vuestra curiosidad y que os |
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decidáis a
hacerlo. Los que ya lo habéis leído entenderéis perfectamente que no
quiera desvelar la trama. |
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Resulta
curioso que lo que de verdad ocurre sea que Bruno y su familia se
muden de casa, a una más pequeña y al lado de una valla muy alta
que separa dos mundos, dos situaciones |
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completamente diferentes. Sin embargo, todo el trasfondo histórico y
emocional que impregna la obra y que no acaba de ser entendido por la
mente y los ojos del joven
protagonista |
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llenan de
ternura e inocencia una situación tan compleja como la que se vive en
el libro. |
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Supongo que si has llegado hasta
este punto y conoces cual es la filosofía de este rincón, te estarás
preguntando: ¿Y ahora que nos vas a contar, si no nos has contado
prácticamente nada del libro?
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Con lo poco
que os he adelantado, tengo más que suficiente para mi reflexión: me
voy a centrar en el tema de las vallas, de las que ponemos nosotros y
de las que nos imponen.
Vallas,
cercas, límites, muros, barreras, clasificaciones, distinciones...
todo aquello que hace que no todos seamos iguales, que siendo seres
humanos, nos separemos con estas vallas en personas de primera y de
segunda.
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¿A que
vallas me estoy refiriendo?, pues a las que levantamos entre las
razas, con los inmigrantes, entre los pobres y los ricos, entre los
que pasan hambre y los que no, y la más difícil de derribar, entre los
que piensan como nosotros y los que no (por ejemplo: política,
religión, educación, nacionalismos...hasta el futbol puede llegar a
ser un barrera)
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Este libro
lo leyó primero mi hija (que ahora tiene 14 años) y fue quien me lo
recomendó, y tras leerlo, me senté con ella a charlar sobre su
contenido tanto del histórico como del emocional para ver hasta que
punto ella lo había entendido. Creo que esta conversación nos hizo
reflexionar sobre todo esto a lo que estoy haciendo referencia y sobre
la injusticia humana, analizando como nosotros desde nuestra pequeñez
individual podemos intentar
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hacer
cambiar las cosas en nuestro "pequeño universo" en el que vivimos y
hacer que con nuestro trabajo, nuestra actitud, nuestras pequeñas
obras, nuestro ejemplo, arrastremos al mundo hacia la idea de derribar
las barreras que nos separan a unos de otros, hacia la tolerancia y la
comprensión.
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En tus manos
está el coger el "martillo" y
derrumbar estos muros y estas barreras. Tú decides
LH
2008
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