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Lo que creas... |
Había
una vez una gaviota que vivía en la costa oeste de Irlanda cuyo nombre era
Jake O'Shaunessey. Jake era una gaviota saludable, atractiva e inteligente,
pero no podía volar.
Cuando
era sólo un pajarillo, los padres y hermanos de Jake se habían perdido en
una fuerte tormenta y nadie más le había vuelto a enseñar.
Se hizo
mayor y decidió intentar aprender solo. Miraba a otras gaviotas y las
imitaba. Corría por
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el suelo y
aleteaba saltando arriba y abajo, intentando alzarse en el aire, pero no pasaba
nada, y las gaviotas jóvenes se reían porque era muy divertido verle.
Algunas
de las gaviotas más jóvenes intentaron enseñarle, pero cada una le explicó a
Jake una manera diferente de aprender a volar, y Jake intentaba pensar en
todas las formas que cada una de las gaviotas le había dicho: «Mueve más las
alas, pon los pies atrás, la cabeza erguida», y todas las demás
instrucciones. Pensaba tanto en todo lo que los demás le decían que no era
capaz de despegar del suelo. Empezó a creer que le pasaba algo, que nunca
volaría.
Intentó
ir a la cima de un acantilado y saltar desde él, pero lo único que hizo fue
caer hasta el fondo. Fue a un acantilado más alto, sobre el mar, cerró los
ojos, y saltó. Otra vez, volvió a caer. Otras gaviotas se compadecieron de
Jake e intentaron cuidarle. Pero esto le hizo sentirse más abatido que
nunca. Se sentía como un lisiado.
Un día
una gaviota muy vieja y sabia llegó volando hasta la costa oeste dónde vivía
Jake. Escuchó el problema de Jake y le dijo que subiera a la cima de un
acantilado especial, el más alto y empinado. En la cima de este acantilado
encontraría una gran roca, y en esta roca había escrito un mensaje secreto.
Éste era el mensaje que necesitaba Jake para poder volar, le dijo el pájaro
sabio.
Ninguna
gaviota había subido nunca a ese acantilado tan empinado. Jake tuvo que
atarse estrellas de mar a los pies para que le ayudaran a agarrarse. Subió
lenta, dolorosamente, y finalmente llegó a la cima. Vio la gran roca. En
ella estaba escrito: «Lo que creas, puedes hacerlo».
Jake
miró abajo del vertiginoso acantilado y estaba aterrorizado, pero cerró los
ojos y saltó. Empezó a caer, y en esos momentos recordó decirse a sí mismo:
«Creo que puedo volar, creo que puedo volar». Estaba tan ocupado
diciéndoselo a sí mismo que se olvidó de dudar de sí mismo. En lugar de
prestar atención a todas las cosas diferentes que le habían dicho que
hiciera, simplemente las hizo. Y se encontró volando, volando como cualquier
otra gaviota, con las alas extendidas, deslizándose sobre el viento. Fue el
momento más maravilloso de toda su vida. Voló y se sumergió en el agua y no
se preguntó ni una sola vez si lo estaba haciendo bien. Más allá en la
arena, las otras gaviotas que le estaba mirando, le oían cantar: «¡Puedo
volar! ¡Lo creo!».
Enviado por Aisha
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"Lo que creas puedes hacerlo"
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