No
son "las grandes cosas", los grandes placeres ni las grandes ambiciones
quienes nos retienen en el haz de la vida, sino este minuto de bienestar
junto a un hogar en invierno,

esta grata sensación de una copa
de licor que beberemos,

aquella manera de pisar el suelo
cuando camina una moza gentil que no amamos ni conocemos,

tal ingeniosidad que el amigo
ingenioso nos dice con su buena voz de costumbre.
Me parece muy humano el suceso de
quien desesperado, fue a ahorcarse a un árbol y cuando se echaba la cuerda
al cuello, sintió el aroma de un rosa que abría al pié del tronco, y no se
ahorcó.

José Ortega y Gasset
Meditaciones del Quijote, 1914.