Jorge Valenzuela

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 Las Ciudades
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quiero caminar

por esas calles

y creer firmemente

en la libertad

y en la conciencia

de que bien vale la pena

esta locura.

 

Las ciudades, las ciudades

las ciudades que pasan

y se pasean

por las avenidas

que fueron construidas

para los grandes desfiles

los desfiles de esplendor

y de miseria.

Para los caminantes que reclaman

solo el derecho a ser sí mismos

en las ciudades que presumen

de sus grandes joyas

de las grandes túnicas

que los habitantes

se ponen para caminar

y para sentirse vivos.

Las ciudades, las ciudades

que presumen de sus fuentes

que alardean de sus gentes

las ciudades, las ciudades

que nos miran

como si fuéramos

parte de sus entrañas monstruosas

de sus secretos bien guardados

de sus recovecos mas íntimos

y de sus vicios inconfesables.

 

Las ciudades, las ciudades

las ciudades que invitan y

que condenan a sus hijos.

Las ciudades en donde se vierten

nuestras soledades

nuestros orgullos

donde encontramos nuestros escondrijos

santuarios, templos y mezquitas

desesperanza, odios y encuentros.

Ciudades que se destruyen

y que son destruidas

Bombardeadas y abandonadas

no podría sobrevivir a los funerales

de la gran ciudad.

Apenas con tu último hálito

apenas con un puñado de tus hijos

volverás a ser exaltada y decorada con grandes joyas

volverás aquí, y yo estaré aquí también

para ver en tus recuerdos

cuando tus héroes te rescataron

cuando el gran Alejandro fue capaz

de darte nombre

tu eterno nombre frente al Mediterráneo

 

Las ciudades, las ciudades

que desde sus capiteles y frontones

miman mi andar más solitario

cuando comulgo con mi propia alma

las ciudades que

dan la bienvenida

a los extranjeros

a mi anonimato

a mi gran soledad voluntaria.

 

Las ciudades, las ciudades

sin fronteras, en donde casi todo se revuelve

donde casi todo se combina

donde la sorpresa está a flor de piel

la ciudad que como Celestina

espera su tributo

para mostrarme la calle

a lo inconfesable.

 

A guardar en una esquina mis secretos

en un barrio mis sueños mas tristes

y mi recuerdos más añorados.

Las ciudades que alimentan mis deseos

mis esperanzas y mis frustraciones.

A tus monumentos quiero hacer

un monumento de monumentos

a los jardines colgantes

a los mausoleos

y a los templos

donde se reúnen tus hijos

tristes y desesperados

buscando respuestas en sus ritos.

 

Al cuerpo de los dioses

derribando a los ídolos siempre falsos

y ver en la belleza el monumento a los habitantes

a mis sueños y a mis realidades.

Deseo que sobrevivas ciudad de mis ciudades

que me guardes y que me protejas

como el gran ogro filantrópico.

en tus bulevares

dame vida con tus teatros

y con los bufones parlanchines

los cómicos y acróbatas que

celebran sus ritos urbanos.

Acaríciame con tus luces después de la lluvia

sobre tus alfombras mojadas

que se mullen a mis pasos solitarios

llenos de experiencias y visiones.

No puedo estar solo si estoy contigo

con lo que me haces llorar

y con lo que me haces

cuando encuentro en tus entrañas

la alegría de vivir.

Dame tu tiempo y tu paciencia

si eres una ciudad que ha visto

lo que ha ocurrido en su alma durante dos mil años

dame tu entereza

cuando haz sido sitiada hasta rendirte

de cansancio y de hambre por la incomprensión de tus hijos

 

Tu permanecerás cuando yo ya no esté aquí

Pero me siento honrado

De haber sabido sobre tu nacimiento

Recorriendo tus memorias

En los grandes corredores

Cuando contemplo extasiado

Lo que has dejado para mi

Ciudad maldita y añorada

Te veré en el infierno y en el paraíso.

Cuando leyendo un periódico extranjero

Te mire de reojo desde la silla en un café

Viéndote  pasar como si nada

En la calle más hermosa y peligrosa.

Quiero que vivas para siempre

Ciudad de ciudades

Que yo ya habré vivido en ti y para siempre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                              - Jorge Valenzuela -

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