Quiero
caminar
por esas
calles
y creer
firmemente
en la
libertad
y en la
conciencia
de que bien
vale la pena
esta locura.
Las ciudades,
las ciudades
las ciudades
que pasan
y se pasean
por las
avenidas
que fueron
construidas
para los
grandes desfiles
los desfiles
de esplendor
y de miseria.
Para los
caminantes que reclaman
solo el
derecho a ser sí mismos
en las
ciudades que presumen
de sus
grandes joyas
de las
grandes túnicas
que los
habitantes
se ponen para
caminar
y para
sentirse vivos.
Las ciudades,
las ciudades
que presumen
de sus fuentes
que alardean
de sus gentes
las ciudades,
las ciudades
que nos miran
como si
fuéramos
parte de sus
entrañas monstruosas
de sus
secretos bien guardados
de sus
recovecos mas íntimos
y de sus
vicios inconfesables.
Las ciudades,
las ciudades
las ciudades
que invitan y
que condenan
a sus hijos.
Las ciudades
en donde se vierten
nuestras
soledades
nuestros
orgullos
donde
encontramos nuestros escondrijos
santuarios,
templos y mezquitas
desesperanza,
odios y encuentros.
Ciudades que
se destruyen
y que son
destruidas
Bombardeadas
y abandonadas
no podría
sobrevivir a los funerales
de la gran
ciudad.
Apenas con tu
último hálito
apenas con un
puñado de tus hijos
volverás a
ser exaltada y decorada con grandes joyas
volverás
aquí, y yo estaré aquí también
para ver en
tus recuerdos
cuando tus
héroes te rescataron
cuando el
gran Alejandro fue capaz
de darte
nombre
tu eterno
nombre frente al Mediterráneo
Las ciudades,
las ciudades
que desde sus
capiteles y frontones
miman mi
andar más solitario
cuando
comulgo con mi propia alma
las ciudades
que
dan la
bienvenida
a los
extranjeros
a mi
anonimato
a mi gran
soledad voluntaria.
Las ciudades,
las ciudades
sin
fronteras, en donde casi todo se revuelve
donde casi
todo se combina
donde la
sorpresa está a flor de piel
la ciudad que
como Celestina
espera su
tributo
para
mostrarme la calle
a lo
inconfesable.
A guardar en
una esquina mis secretos
en un barrio
mis sueños mas tristes
y mi
recuerdos más añorados.
Las ciudades
que alimentan mis deseos
mis
esperanzas y mis frustraciones.
A tus
monumentos quiero hacer
un monumento
de monumentos
a los
jardines colgantes
a los
mausoleos
y a los
templos
donde se
reúnen tus hijos
tristes y
desesperados
buscando
respuestas en sus ritos.
Al cuerpo de
los dioses
derribando a
los ídolos siempre falsos
y ver en la
belleza el monumento a los habitantes
a mis sueños
y a mis realidades.
Deseo que
sobrevivas ciudad de mis ciudades
que me
guardes y que me protejas
como el gran
ogro filantrópico.
en tus
bulevares
dame vida con
tus teatros
y con los
bufones parlanchines
los cómicos y
acróbatas que
celebran sus
ritos urbanos.
Acaríciame
con tus luces después de la lluvia
sobre tus
alfombras mojadas
que se mullen
a mis pasos solitarios
llenos de
experiencias y visiones.
No puedo
estar solo si estoy contigo
con lo que me
haces llorar
y con lo que
me haces
cuando
encuentro en tus entrañas
la alegría de
vivir.
Dame tu
tiempo y tu paciencia
si eres una
ciudad que ha visto
lo que ha
ocurrido en su alma durante dos mil años
dame tu
entereza
cuando haz
sido sitiada hasta rendirte
de cansancio
y de hambre por la incomprensión de tus hijos
Tu
permanecerás cuando yo ya no esté aquí
Pero me
siento honrado
De haber
sabido sobre tu nacimiento
Recorriendo
tus memorias
En los
grandes corredores
Cuando
contemplo extasiado
Lo que has
dejado para mi
Ciudad
maldita y añorada
Te veré en el
infierno y en el paraíso.
Cuando
leyendo un periódico extranjero
Te mire de
reojo desde la silla en un café
Viéndote
pasar como si nada
En la calle
más hermosa y peligrosa.
Quiero que
vivas para siempre
Ciudad de
ciudades
Que yo ya
habré vivido en ti y para siempre.