Rincón arquitectónico

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La Alhambra

 

La Alhambra, denominada así por sus muros de color rojizo («qa'lat al-Hamra'», Castillo Rojo), está situada en lo alto de la colina de al-Sabika, en la margen izquierda del río Darro, al este de la ciudad, frente a los barrios del Albaicín y de la Alcazaba.

 

Se tiene constancia por primera vez de ella en el siglo IX, cuando en 889 Sawwar ben Hamdun tuvo que refugiarse en la Alcazaba y repararla debido a las luchas civiles que azotaban por entonces al Califato cordobés, al que pertenecía Granada. Posteriormente, este recinto empezó a ensancharse y a poblarse, aunque no hasta lo que sería con posterioridad, ya que los primeros monarcas ziríes fijaron su residencia en lo que posteriormente sería el Albaicín.

La mayor preocupación de los arquitectos de la Alhambra era cubrir decorativamente cada espacio, por pequeño que fuese. Cualquier elemento decorativo resultaba escaso. La mayoría de los arcos interiores son falsos, no sustentan ninguna estructura, simplemente decoran, las paredes están recubiertas de cerámica o yeserías, hemosísimas y muy ricas, las cubiertas presentan armazones de madera labrados de manera exquisita, etc.

Escudo de los Alhamares

 

 

Pared del Cuarto Dorado

A pesar de tener prohibido el arte musulmán la representación de figuras, los temas de decoración en la Alhambra son muy variados. Se utiliza la clásica decoración caligráfica, en concreto escritura cursiva y cúfica, en la que se pueden leer, además de las palabras de Zawi ben Zirí (fundador de la dinastía nazarí): «sólo Dios es vencedor», poemas de distintos poetas de la corte.

El elemento decorativo más utilizado por los arquitectos granadinos será el ataurique, o decoración vegetal, y, en menor medida, la lacería y las redes de rombos.

Uno de los elementos decorativos más impresionantes utilizados en la Alhambra es la bóveda de mocárabe, que está compuesta por celdillas o alveólos superpuestos, destacando por su utilización la Sala de los Abencerrajes y la Sala de las Dos Hermanas.

 

Los muros de la Alhambra está llenos de decoración caligráfica, escrituras cursivas y cúficas en las que no sólo podemos leer «sólo Dios es vencedor» (frase que se le adjudica a Zawi ben Zirí, fundador de la dinastía nazarí), sino poemas realizados por tres poetas de la Corte de Granada, Ibn al-Yayyab (1274-1349), Ibn al-Jatib (1313-1375) e Ibn Zamrak (1333-1393), que fueron secretarios de la cancillería real y primeros ministros. De entre ellos Ibn Zamrak es considerado como el más brillante de los poetas de la Alhambra.

 

 

REFLEXIÓN:

Como sucede con los versos, hay impresiones que solo nuestro corazón comprende, sin saber por qué, simplemente suceden. Por esta razón cuando uno observa monumentos de una grandeza artística e histórica excepcionales evocan en cada uno de nosotros un escenario personal de emociones que se desatan inconscientemente. Quizá porque todos sabemos que nuestra vida es un camino largo,  lleno de

 

(haz click sobre la imagen para dar un paseo

por la Alhambra)

rincones hermosos y también de recovecos amargos. Pero, en definitiva, como nos muestra la Alhambra, sabemos que lo verdaderamente maravilloso es todo. El conjunto que hemos ido construyendo a base de logros y de fracasos, de dichas y de pesares, de aciertos y de confusiones. Y sin saber explicar con certeza lo que presentimos, sí sabemos sentir lo que nos conmueve, tal es la percepción invisible que se agarra a nuestros sentidos y nos envuelve. Por eso la sencillez de la belleza nos cautiva, porque todos llevamos dentro una Alhambra de gestos, de fuentes, de murmullos y de silencios. Como tú y como yo, con jardines por los que pasan los años y los tiempos; y a cada paso que damos, aprendemos que la esencia de la vida es ofrecerse a los demás como en un paseo sincero, durante el cual compartir compañía y sensaciones,  sin temer que nadie nos pueda dañar por eso.

Recréate en ti, y sabe que tus manos, por muy desnudas que estén, guardan todos los mensajes posibles, de cariño, de necesidad, o simplemente de descanso en el camino.

Puedes decir: ¿y qué hay de la maldad y de la mentira?Entonces te responderé que la hay, PERO QUE NO LA HAGAS TUYA, porque la maldad y la mentira son las más de las veces el triste resultado de una dolorosa carencia de amor, de verdad, y de una enorme necesidad de cariño.

Sé un verso que no necesita explicarse.

                                                                                                            Texto íntegro por F.J.P.

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