Esta
historia podría
concluir aquí,
como un
simple chiste, pero se pueden sacar
varias conclusiones:
La
primera: Quien
parece idiota, no siempre lo
es.
La
segunda:
¿Quiénes
eran los verdaderos
idiotas de la historia?
La
tercera:
Una ambición
desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.
Pero la conclusión
más
interesante es: Podemos
estar bien, aún
cuando los
otros no tengan una buena opinión
sobre nosotros mismos. Por lo
tanto, lo que importa
no es lo que piensan de nosotros, pero ser
lo que realmente
somos.
El mayor placer de un hombre inteligente
es aparentar ser idiota
delante de un idiota que aparenta ser
inteligente.