Cuentos para meditar

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  El Artista

 

 

Un mercader florentino propuso a un artesano que hiciera una réplica de una antigua escultura, obra de un renombrado artista. El artesano aceptó, ya que necesitaba el dinero.

El mercader entregó la reproducción a su cliente, que pagó el precio concertado. Pero cuando el comprador pudo contemplar la escultura con calma, a solas, se quedó sobrecogido.

Inmediatamente, se puso en contacto con el mercader: quería conocer personalmente al artista desconocido. El mercader se rió: el escultor que buscaba no era un artista, sino un simple y pobre artesano. El comprador insistió y logró concertar una visita con el artista.

Nada más verlo, le confesó que admiraba su enorme talento. Las copias se habían acabado. A partir de entonces, comenzaba una nueva etapa: trabajaría para él como artista, creando sus propias obras en el Vaticano.

Aquel artista era Miguel Ángel. Su talento y su originalidad eran tan desbordantes que era incapaz sólo de copiar. De hecho, jamás copió. Porque él siempre fue un paso por delante.

No es tanto ver lo que aún nadie ha visto, sino pensar lo que todavía nadie ha pensado sobre aquello que todos ven.

 

David (1504), Miguel Ángel (Museo de la Academia, Florencia)

 

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