Una vez terminada
felizmente la aventura con el bachiller Alonso López y los once sacerdotes
que iban de Baeza a Segovia acompañando a un muerto, Sancho quiere
rubricar el suceso con un broche de concordia. En ese momento de
tranquilidad y hambre el sentido de este refrán es: entiérrese al difunto,
huyamos, comamos y que siga la vida, pues en estos casos solo queda
aplicar la vieja sentencia: "el muerto al hoyo y el vivo al bollo".