La
semana pasada, me sorprendió un comentario de un buen amigo que me agradecía
de corazón un supuesto favor que yo le había hecho en un momento suyo difícil;
pero lo mas llamativo es que yo ni siquiera me acordaba por lo que me quedé un
poco perplejo, y hasta incomodo, de aceptar sus
muestras de gratitud, pero a la vez muy
dichoso de haber ejercido un efecto positivo
sobre la vida de mi querido amigo.
¿Cuántos favores de los que cuestan
relativamente poco dejamos de hacer?
¿Cuántas palabras amables dejamos de decir?
Y si no cuestan nada ¿por qué no los
haremos?: por falta de atención, por falta
de ganas, por timidez, por ausencia de
hábito...
¿Qué pasaría si todos ejercitáramos ese
habito? Si fuéramos mas allá e hiciéramos
favores de verdad, con el corazón en la
mano, cuesten lo que cuesten.
Entonces me he acordado de la película
"Cadena de Favores" (en ingles el título es
Pay it forward que se traduciría
como: págalo hacia
adelante). Se trata de película estadounidense
estrenada en el año 2000 y basada en la novela
homónima de Catherine Ryan Hyde.
La película habla de un trabajo de colegio en el
que un adolescente de Las Vegas, desarrolla un
proyecto con el que al ayudar a una persona de
alguna forma, ésta debía retribuirlo ayudando a
tres personas más, estableciendo una secuencia
de
favores que crecería de manera exponencial
haciendo la vida algo mejor.
Muchos de nosotros nos podemos sentir
afortunados y si lo miramos bien, podemos
concluir que la vida nos ha otorgado favores que
a lo mejor podemos "pagar hacia adelante". Si lo
hacemos de manera sistemática, o si simplemente
nos habituamos a ello da igual, habrá merecido
la pena luchar por la
utopía, y en cualquier caso será grato darse
cuenta de vez en cuando de que nuestra
participación en la vida de los demás fue de
signo positivo. No cuesta nada intentarlo.