Nuestro rincón

 



 

 

Bendita crisis

 

Hace unos días charlaba con mi buen amigo Quique sobre lo mucho que nos afectan las crisis, y sobre la desazón que nos producen a todos nosotros. En muchos casos, dependiendo de su profundidad, te pueden dejar noqueado durante mucho tiempo, sé bien de que hablo… Poco después, leí en Nulla una de las meditaciones publicadas sobre el tema. En este caso, se trataba de unas palabras de Albert Einstein con las que no puedo estar más de acuerdo. Y es que, pese a su identificación como algo negativo, crisis tiene también un significado de cambio, oportunidad,  o liderazgo.

 

Etimológicamente, la palabra "crisis" viene del griego “Krisis” y éste del verbo “krinein”, que significa "separar" o "decidir". De allí el termino “crítica” que significa análisis o estudio de algo para emitir un juicio, y de allí también “criterio” que es ni más ni menos que el razonamiento adecuado. Las crisis nos obligan a pensar y, por tanto, produce análisis y reflexión.

 

Los momentos difíciles ponen a prueba cualidades o potencias que permanecen en estado latente en los seres humanos en circunstancias normales, y que salen a la luz tan sólo cuando se necesitan. Muchas veces, la llegada de una crisis a nuestra vida hace que revisemos, de arriba abajo, los planteamientos a los que estamos habituados y que, en demasiadas ocasiones, nos hacen desgraciados sin saberlo, tan sólo porque son una costumbre, y se encuentran en lo

 que podríamos denominar nuestra zona cómoda de la vida (aquella en la que vivimos a diario y que nos cuesta tanto trabajo variar, porque la llevamos a cuestas como si fuera una parte más de nuestro cuerpo).

La dicha y la desgracia, la vida y la muerte, van y vienen eternamente sin comienzo ni fin. En la mayoría de las veces, lo mejor que podríamos hacer es posiblemente adaptarnos a la situación y sacar las conclusiones positivas para nuestra propia vida. Y es precisamente eso lo que nos hace ser felices o infelices, a lo largo de todo ese camino que al fin y al cabo es la vida. Todo esto es lo que me ha hecho recordar el relato taoísta del campesino cuyos caballos huyeron, y que demuestra porque una situación de crisis no tiene necesariamente que ser mala (ni tampoco buena):

Un campesino chino tenía dos caballos, que utilizaba como bestias de labor en su pequeño sembrado, y que le permitían desplazarse y cargar con mercancías por su región. Por ello, dado que se trataba de una zona muy pobre, el campesino y su familia eran considerados como privilegiados, y gozaban de cierto estatus económico entre sus vecinos.

Sin embargo, una noche, al irse a dormir, se dejó la puerta del cercado donde guardaba a sus caballos abierta. A la siguiente mañana, comprobó que ambos animales habían huido. Aquella tarde, los vecinos se reunieron para compadecerse de él, puesto que había tenido tan mala suerte. Él dijo: «Puede ser».

Pero, por sorpresa, al día siguiente los caballos regresaron trayendo consigo seis caballos salvajes. Los vecinos se apresuraron a acudir a su casa, para felicitarlo esta vez por su buena suerte. Él volvió a decir: «Puede ser».

 Entonces, al día siguiente, su hijo intentó ensillar y montar uno de los caballos salvajes, fue derribado y se partió un brazo. Nuevamente, y dado que se iniciaba la época de la cosecha, y todas las manos eran pocas, los vecinos fueron a expresar su compasión por la desgracia. El campesino, impasible, respondió: «Puede ser».

Un día más tarde, los oficiales de reclutamiento del Emperador se presentaron sin previo aviso al pueblo, y decretaron una leva para llevarse a los hombres jóvenes al ejército, ya que era necesario reforzar la frontera del norte contra los mongoles; pero, como tenía un brazo roto, el hijo del campesino fue excluido. Cuando los vecinos se presentaron en su casa y, desolados, se quejaron de su suerte y comentaron cuán favorable se había tornado la situación para el campesino, éste dijo: «Puede ser».

Lo dicho, bendita crisis. Renovarse o morir.

 

                                                                                                                    FSG Marzo 2009

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