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Apolo y Dafne
Gian Lorenzo
Bernini (1598-1680) Escultor, arquitecto y diseñador napolitano, artista
célebre creador de la escultura estilo Barroco en el siglo 17.
Emigró a Roma junto a su padre. Estudios iniciales de la
escultura grecorromana ya existente en el Vaticano y las obras de Miguel Angel
fueron su fuente de inspiración. Los trabajos que realizó durante su vida son
cuantiosos. Entre ellos se incluyen fuentes públicas, decoración de iglesias y
obras arquitectónicas.
Bernini fue famoso en vida y
todas las cortes europeas deseaban sus servicios. Entre ellos estuvo el rey de
Francia Luis XVI que lo llevó a trabajar a París cuando el artista ya contaba
con 69 años de edad.
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Dafne, cuyo nombre significa "laurel" en
griego, es una ninfa amada por Apolo que un día juró no pertenecer jamás a
ningún varón.
Un día, Apolo la sorprendió escuchando su
canto y se quedó enamorado de tal maravilloso susurro. Dafne al notar su
presencia dejó de cantar quedando inmóvil por el susto, mientras busca con
ojos aterrados un escondite a su alrededor. El Dios Apolo la seducía con
mágicas palabras de amor, ella le suplicaba que se detuviera pero él
desoyó su ruego, mientras Dafne echa a correr, pero sin tener a donde
huir. Indefensa, imploró a Zeus o a la Tierra y ésta la escuchó; como
salvación Dafne empezó a transformarse entre los brazos del Dios. Su suave
piel quedó recubierta de una corteza, sus brazos se alargaron en hojas
multiplicadas con mágica velocidad. Sus cabellos formaron un denso ramaje,
el rostro desapareció detrás de la corteza y el cuerpo quedó oculto en el
tronco. Sus piernas se fijaron a la tierra con las raíces quedando rígida
e inmóvil.
Apolo quedó abrazado tristemente el árbol y
entre lágrimas declaró que ese árbol sería consagrado a su culto.
La más famosa de las obras inspirada en
este relato mitológico es el grupo escultórico de Bernini, quien con su
arte captó toda la angustia de la ninfa fugitiva.
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Esta
semana el rincón se decanta por la escultura, el realismo barroco
representando figuras de la mitología griega, figuras de dioses y figuras
que no hacen mas que mostrar la divinidad de las debilidades del hombre.
En este caso no alabaremos la
coherencia de Dafne y su encarecida lucha por mantener su promesa,
prefiero fijarme en Apolo, en cómo pierde lo que ama por querer poseerlo
en lugar de amarlo. Es difícil demostrar la existencia del amor que no se
ve si no es a través de sus pruebas y la prueba de amor a aquel que amamos
es dejarlo vivir libremente. Para no romper ese amor y dejar que acabe
convertido entre nuestros brazos en un árbol al que convertir en objeto de
culto, dejemos que sea como es y amemos lo que es y no lo que nos gustaría
hacer con él. Sólo a modo de prueba, en esta sociedad tan
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llena de necesidades que satisfacer,
propongo que la renuncia puede ser una fórmula de amor y alcanzar en ella
la plenitud del mismo.
Tú que me lees, sabes a qué me refiero,
y si no lo entiendes aún, descuida que lo entenderás.
Feliz semana
ECB
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