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Páginas de cuentos de Aisha |
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En un lejano reino de perfección érase un monarca justo que
tenía una esposa, un hijo y una hija maravillosos y juntos vivían con gran
felicidad. Un día el padre llamó a los hijos a su presencia y les dijo:
- Ha llegado el momento, como a
todos les llega. Deben descender una distancia infinita, hasta otra tierra.
Buscarán y encontrarán, y regresarán con una joya preciosa.
Los viajeros fueron conducidos de
incógnito a una tierra extraña, cuyos habitantes llevaban, casi todos, una
vida oscura. Tal fue el efecto de aquel lugar, que los dos perdieron contacto
entre sí, vagando como dormidos.
De vez en cuando veían fantasmas,
similitudes con el país y con la joya, pero era tal su condición, que estas
cosas sólo incrementaban la profundidad de sus ensueños, a los que comenzaron
a tomar como realidad.
Cuando las noticias de la difícil
situación de sus hijos llegaron al rey, éste envió un sirviente de su
confianza - que era un hombre sabio - con este mensaje:
- Recordad vuestra misión, despertad
del sueño y permaneced juntos.
Con este
mensaje se despertaron y con la ayuda del guía enviado a rescatarlos,
afrontaron los peligros monstruosos que rodeaban a la joya y, con su mágica
ayuda, retornaron a su reino de luz, para permanecer allí más dichosos que
antes, por siempre jamás. |
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Dos hombres se presentaron ante el juez de la
localidad.
- Señoría - dijo el primero - vengo a demandar a este individuo porque ha
vendido toda la leña que ha cortado y no quiere darme mi parte.
- Si él ha cortado la leña, ¿qué es lo que has hecho tú? -interrogó el
magistrado.
- Yo lo he estimulado dándole gritos de aliento y ánimo constantemente, eso ha
provocado que cortara más leña de la habitual y que le pagaran una cantidad
superior a la que normalmente recibe.
El juez se quedó pensando unos instantes.
- Lo que reclama este hombre es justo - sentenció -. Leñador, dame la bolsa de
dinero que has recibido y entregaremos la parte que le corresponde a este
hombre.
El juez cogió la bolsa del compungido leñador y la agitó ante la cara del
hombre hasta que sonaron las monedas dentro.
- Éste es tu pago: ya tienes el sonido del dinero. |
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En Estambul hay una hermosa mezquita llamada Beyazid.
Desde que fue construida, los sheiks y derviches sufíes han estado siempre
presentes en ella.
El sheik Jemal Halveti, uno de los maestros del camino, fue invitado por el
sultán para bendecir la apertura de esa gran mezquita. Los sabios de Estambul,
la aristocracia y hasta el mismo sultán estaban allí. La flor y la nata del
Imperio Otomano se habían reunido allí ese día.
Cuando el sheik se levantó par hablar ante tan erudita e importante multitud,
un hombre simple se puso de pie de una salto y dijo:
- ¡Oh, sheik!, he perdido mi burro. Todos los habitantes de Estambul están
aquí. Por favor, pregúntales si han visto a mi burro.
El sheik le respondió que encontraría a su burro. Acto seguido , se dirigió a
la muchedumbre:
- ¿Hay alguien entre vosotros que no sepa qué es el amor, que no haya nunca
gustado del amor en alguna de sus formas?.
Al principio nadie se movió pero, finalmente, tres hombres se levantaron, uno
a uno. El primer hombre dijo:
- Es verdad. Yo, realmente, no sé qué es el amor. Nunca lo he probado.
Los otros dos movieron la cabeza en señal de aprobación.
Entonces el sheik dijo al que había perdido el burro:
- Tu has perdido un burro. ¡Aquí te ofrezco tres! Pero hasta un burro ama la
hierba fresca y verde. Cuando la gente aprende a amar - con amor real y
verdadero - su estado se eleva por encima del de los ángeles. Cuando no
conocemos el amor, nuestro estado se torna inferior al de los burros. |
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Muy asustado en una noche obscura, mulá Nasrudin
viajaba con una espada en una mano y una daga en otra. Le habían dicho que
eran seguros medios de protección.
En su camino se encontró con un asaltante, que le robó su asno y sus alforjas
con valiosos libros.
Al día siguiente, cuando se estaba lamentando de su suerte en la casa de té,
alguien le preguntó.
- Pero, ¿por qué dejó que se llevara sus posesiones, mulá? ¿No tenía los
medios para detenerlo?
- Si mis manos no hubieran estado ocupadas - dijo el mulá - hubiera sido otra
historia. |
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En una historia de las Mil y Una Noches, Maruf el Zapatero se
encontró imaginando su fabulosa caravana de riquezas..
Desvalido y casi sin amigos en un país extraño, Maruf primero concibió
mentalmente y luego describió, un cargamento increíblemente valioso
dirigiéndose hacia él.
En vez de conducir a su desenmascaramiento y desgracia, esta idea fue la
base de su éxito final. La caravana imaginaria tomó forma, se volvió real
por un momento, y llegó.
Pueda tu caravana de sueños encontrar también su camino hasta ti. |
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Milarepa era el devoto alumno de Marpa.
Después de doce años de agotador entrenamiento espiritual, Marpa envió a
Milarepa a continuar por su cuenta. Milarepa se fue a vivir o una cueva y
una noche fría de invierno tres terribles demonios invadieron su cueva.
Ellos chillaron, quemaron sus libros y escupieron al mandala. Milarepa lanzó
conjuros, gritó nombres santos y pidió ayudo a su señor pero todo fue en
vano.
Descorazonado, salió a la nieve. Sentía
que los demonios estaban a punto de jalarlo al infierno. Lentamente, comenzó
a pensar: -Este es el momento que he estado esperando. Siempre he querido
deshacerme del apego. Si estos demonios me hicieron temer por mí mismo,
entonces todo mi trabajo ha sido en vano. Una gran calma lo invadió. Regresó
a la cueva y saludó a los demonios:
- ¡Honorables demonios! Bienvenidos a su
humilde casa. Yo sé que su tarea asignado es destruirme y arrastrarme al
infierno. No quiero evitarles el intentar cumplirla. En cuanto a mí, mi
tarea es luchar para lograr la iluminación. Hagamos cada uno nuestra tarea
al máximo de nuestra habilidad. Sentémonos a hablar sobre la sabiduría,
ustedes con su dharma negro y yo con mi dharma blanco. Pero primero, tomen
un té conmigo.
Los demonios chillaron mostraron sus
fauces y azotaron sus colas. Milarepa repitió su invitación. Gradualmente,
se encogieron hasta desaparecer completamente
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Un día, el mullah entró en una tienda. El propietario se
acercó a él para atenderlo.
--Lo primero es lo primero – dijo Nasrudin -, ¿me has
visto entrar a tu tienda?.
--Naturalmente.
--¿Me habías visto alguna otra vez?.
--Ni una sola en toda mi vida.
--entonces, ¿ cómo sabes que soy yo? ¨
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Un buscador de la verdad inglés vendió una vez todo lo
que tenía y se dedicó a vagar por Oriente, donde empleó todo su tiempo
buscando un maestro adecuado, convencido de que esto es lo que tenía que
hacer.
Tras ocho años de este tipo de vida, se encontró con un derviche, y le
preguntó si sabía el camino para llegar a la puerta del Maestro de la Época.
- Ciertamente - dijo el derviche, e inmediatamente escribió un nombre y una
dirección.
El inglés naturalmente quedó muy impresionado y agradecido, y por un momento
apenas podía creer que su búsqueda casi hubiese finalizado. Entonces miró el
papel y dijo:
- Pero se trata de alguien que vive en Londres. ¡Y su casa no está a más de
cinco minutos de camino de mi vieja casa!
- Exactamente - dijo el derviche - y eso no es todo. Si hubieses permanecido
donde estabas, y hubieses hecho indagaciones razonables en vez de gestos
llamativos y arrogantes como vagar por la tierra sin permiso, lo habrías
encontrado hace seis años |
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Había una vez un cachorro de elefante que oyó decir a
alguien:
- Mira, allá va un ratón.
La persona que lo dijo estaba realmente viendo un ratón, pero el elefante
pensó que se estaba refiriendo a él. Había muy pocos ratones en aquel país y
en todo caso preferían quedarse en sus agujeros, y sus voces no eran muy
fuertes. Pero el cachorro de elefante bramó por todas partes, embelesado por
su descubrimiento:
- Soy un ratón.
Lo dijo tan fuerte, tan frecuentemente y a tanta gente que, créanlo o no, en
la actualidad existe un país en el que casi toda la gente cree que los
elefantes, y particularmente los cachorros de elefante, son ratones.
Es verdad que, de tiempo en tiempo, los ratones han tratado de argumentar con
aquellos que sostienen que ellos son los verdaderos ratones, pero siempre se
los ha obligado a huir. |
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TRES
CUALIDADES
Tres cualidades del hombre en su relación con Dios:
Confianza, sumisión y recuerdo.
Al alma confiada, la promesa le colma.
Al hombre sumiso, el conocimiento le llena.
Al buscador en el recuerdo, el decreto divino le sumerge.
La confianza es el punto de partida, la sumisión la mitad
del camino y el recuerdo, la llegada
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Era Mulla Nasrudin un hombre que tenía muchos amigos y
gente que lo envidiaba. En cierta ocasión, alquilaba asnos, y un cliente que
había montado uno retrocedió ante el estruendoso rebuzno del animal.
- No tema - lo tranquilizó Nasrudin - por la forma en que lo ha recibido,
puede darse cuenta de que es muy sociable.
El hombre manoteó y dijo algunas palabras subidas de tono. Nasrudin respondió:
- No sé qué lado creer. Los dos tienen una razón que defender. |
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Un samurai, conocido por todos por su nobleza y honestidad, fue
a visitar a un monje zen en busca de consejos. Cuando entró en el templo donde
el maestro rezaba, se sintió inferior y pensó que a pesar de haber pasado toda
su vida luchando por la justicia y la paz, no se había acercado al estado de
gracia del hombre que tenía frente a él.
- ¿Por qué me estoy sintiendo tan inferior? - preguntó al monje - Me enfrenté
muchas veces con la muerte y defendí a los más débiles, no tengo nada de qué
avergonzarme. Sin embargo, al verlo meditando, he sentido que mi vida no tenía
la menor importancia.
- Espera. En cuanto haya atendido a todos los que me han buscado hoy, te daré
la respuesta- dijo el monje.
Durante todo el día el samurai se quedó sentado en el jardín del templo. Las
personas entraban y salían en busca de consejos y el monje atendía a todos con
la misma paciencia y la misma sonrisa luminosa en su rostro. El estado de
ánimo del samurai iba de mal en peor, pues había nacido para actuar, no para
esperar.
Por la noche, cuando ya todos habían partido, insistió:
- ¿Ahora podrá usted enseñarme?
El maestro lo invitó a entrar y lo llevó hasta su habitación. La luna llena
brillaba en el cielo y todo el ambiente respiraba una profunda tranquilidad.
-¿Ves esta luna, qué bonita es?, cruzará todo el firmamento y mañana el sol
volverá a brillar. Solo que la luz del sol es mucho más fuerte y consigue
mostrar los detalles del paisaje que tenemos a delante: nubes, árboles,
montañas. He contemplado a los dos durante años, y nunca escuché a la luna
decir "¿Por qué no tengo el mismo brillo que el sol? ¿es que quizás soy
inferior a él?
- Claro que no - respondió el samurai - la luna y el sol son dos cosas
diferentes, cada uno tiene su propia belleza. No se pueden comparar.
- Entonces, ya sabes la respuesta. Somos dos personas diferentes, cada cual
luchando a su manera por aquello que cree, y haciendo lo posible para tornar a
este mundo mejor; el resto son solo apariencias |
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Pregunta: En sus libros y conferencias parece haber diferencia entre
animales y pájaros, ¿es así?
Pregunta: ¿Hay alguna diferencia profunda entre los pájaros y otras
bestias?
Respuesta: Sí, ciertamente. Uno toma la dirección del cielo; la misma
dirección hace la diferencia. Las otras toman la dirección de la tierra, lo
que hace diferente sus inclinaciones. La tendencia de unos es hacia lo
alto, la de los otros hacia la tierra. El hombre representa a ambos; porque
aunque permanezca en la tierra -sus piernas lo unen-, sus manos están
elevadas sobre ella. La inclinación del hombre perfecto es hacia el
Cielo....
(Trozo extraído del libro 'EL PROPÓSITO DE LA VIDA', de Hazrat Inayat Khan,
pg. 145, editorial Mandala ediciones)
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Un discípulo
le preguntó a Hariri.
- ¿Qué es mejor ser generoso o ser humilde?
- ¿Qué preferirías ser?
- Yo envidio a las dos clases de personas.
- La envidia de una característica buena es peor que la de una mala. Eso se
debe a que la envidia es envidia. Cuando el objeto de la envidia es algo
bueno, es un ataque a lo bueno. Cuando el objeto de la envidia es algo malo,
está en su debido lugar y no se puede ver tal como es.
- ¿Entonces qué debo hacer?
Debes cerciorarte de que eres sincero. De ese modo llegarás a ser humilde y
generoso a la vez. En el dominio de la sinceridad no hay lugar para la envidia |
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