Los Cuentos de Aisha

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Cuentos sufís
  Los powerpoint de Aisha

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Páginas de cuentos de Aisha

 
Nasrudín pasó el otoño entero sembrando y preparando su jardín. Las flores se abrieron en primavera pero Nasrudin observó que algunos dientes de león que él no había plantado estaban en algunos lugares del jardín.
Los arrancó, pero las semillas ya se habían esparcido y volvieron a crecer. Trató entonces de encontrar un veneno que afectara al diente de león. Un técnico le dijo que cualquier veneno terminaría matando también a las otras flores.
Desesperado pidió ayuda a un jardinero especialista que le dijo:
- Igual que en el casamiento junto con las cosas buenas, terminan viniendo algunos inconvenientes.
- ¿Qué hago? - insistió Nasrudín.
- Nada, aunque sean flores que tú no pensabas tener ya forman parte del jardín.
 
Preguntado acerca de qué era un sufi, el gran maestro Hadrat Nuri dijo:
- Un sufi es aquél que no está encadenado y que a su vez es inocente de mantener atados a otros. El sufismo no puede ser descrito en términos de doctrina ni en forma de ceremonial. La doctrina necesita adiestramiento de tipo superficial, el ritual necesita práctica repetitiva.
Sufismo es algo que está en la creación, no algo que es aplicado a los resultados de la creación.
 
Un demonio se encontró con otro que rodaba por el suelo, gritaba y lloraba, como poseído por un dolor sin igual.
- ¿Cúal es tu mal? - preguntó el primer demonio.
- Tengo un ángel en mí y me atormenta - dijo el otro entre quejidos.
 
Un hombre angustiado lloraba amargamente.
- ¿Qué pasa? - pregunta Shebi
- Sólo tenía un verdadero amigo en esta vida - murmura el desdichado - y ha muerto.
- ¡Arriesgado! - murmura Shebi - ¿Para qué elegir un amigo que ha de morir?.
 
Cuando el príncipe Mou We, estaba retirado viviendo como ermitaño en Chungan, le dijo a su maestro:
- Mi cuerpo está aquí entre bosques y arroyos, pero mi corazón está en el palacio de Wei. ¿Qué puedo hacer?
- Cuida más por lo que tienes en ti y menos por lo de los demás.
- Yo debería poder - dijo el príncipe - pero no puedo seguir a mis sentimientos superiores.
- Si no puedes seguir a tus sentimientos superiores, entonces abandónate a lo que sientes. No hay cosa peor para el alma que luchar en contra de sus sentimientos y de controlar a los que no se pueden controlar. Se llama doble injuria y los que la sufren nunca viven su ciclo completo.
 
Una vez un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente. ¡Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad!
El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.
El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol. Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo pero que si le daría una paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa.
Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que ya que había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar.
También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando. Después regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos.
Como siempre, fue escuchado con bondad pero el anciano volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.
El hombre medio molesto, pero ya mucho más sereno, se dirigió al árbol centenario y allí sentado fue convirtiendo en humo, su tabaco y su bronca. Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo:
- Pensándolo mejor veo que la cosa no es para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo. Así recuperaré un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho.
El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole:
- Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decírtelo yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras tu mismo.
 
Un hombre se vio obligado a dejar su casa durante unos días para ir en busca de empleo. En su ausencia, el único hijo que tenía enfermó súbitamente y murió. Cuando el hombre regresó a su hogar, su esposa, deshecha en lágrimas, le dio la amarga noticia. Pero el hombre permaneció extraordinariamente sereno y ecuánime. La esposa no podía salir de su asombro e indignación. Comenzó a increparle agriamente su actitud. El hombre la tranquilizó y luego explicó:
- Querida, la otra noche soñé que tenía siete hijos y que con ellos mi vida estaba llena de satisfacción y felicidad. Sí, realmente, yo era muy feliz con mis hijos. Al despertarme, de pronto, los perdí a todos. Ahora te pregunto: ¿Por quién debo afligirme? ¡Por los siete hijos o por el que hemos perdido? 
 
Un buscador espiritual viajó a la India en su afán por encontrar y entrevistar a un verdadero iluminado, a un jivanmukta o liberado-viviente. Viajó durante meses por el país. Se trasladó de los Himalayas al cabo de la Virgen, del estado de Maharahstra al de Bengala. Recorrió montañas, dunas, desiertos, ciudades y pueblos.
Recabó mucha información y, por fin, halló, según todos los testimonios, un verdadero hombre realizado. Por fin, podría llevar a cabo su ansiado encuentro.
El graznido de los cuervos quebraba el silencio de una tarde apacible y dorada. El hombre realizado se hallaba bajo un frondoso rododendro, en actitud meditativa. El visitante lo saludó cortésmente, se sentó a su lado y preguntó:
- Antes de que usted hallase la realización, ¿se deprimía?
- Sí, claro, a veces -repuso tranquilamente el jivanmukta.
El buscador hizo una segunda pregunta:
- Dígame, y ahora, después de su iluminación, ¿se deprime a veces?
- Sí, claro, a veces, pero ya ni me importa ni me incumbe.
 
Por un sinuoso camino y a gran velocidad, un hombre borracho conducía su coche. De repente, perdió el control saliéndose del trayecto, precipitándose  contra una charca pestilente.
Varias personas, al ver el accidente, corrieron al lugar y ayudaron a incorporarse al conductor. No podía ocultar su borrachera cuando uno de sus auxiliadores le dijo:
- Pero ¿es que no ha leído usted el célebre tratado de Naraín Gupta sobre los efectos perjudiciales del alcohol?
El ebrio conductor sin dejar de hipar y tartamudear le dijo:
- Yo soy Naraín Gupta.
 
Cuentan que existió una vez una carpinteria en la que las herramientas celebraron una reunión para arreglar sus diferencias.
Al principio de tan extraña asamblea el martillo ejerció la presidencia, pero pronto, los restantes miembros, le notificaron que tenía que renunciar porque hacía demasiado ruido con sus golpes. El martillo admitió la acusación pero no aceptó que tomara la presidencia el tornillo porque les haría dar demasiadas vueltas y la reunión resultaría muy aburrida.
El tornillo y todo tipo de tuercas se dieron por aludidas pero objetaron que tampoco permitirían que la lija capitanease la reunión porque crearía excesivas fricciones con su usuales asperezas en el trato.Y la lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su patrón, como si fuera el único perfecto. En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo.
Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un mueble tan bello como útil.
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo:
- Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos más en los aspectos negativos que
observamos unos de otros y aportemos cada uno nuestras habilidades según vemos que las aprecia el carpintero.
La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad.
Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos. Y a partir de entonces se preocuparon de ser cada cuál lo mejor que pudieron, en su especialidad
 
Un hombre devoto había estudiado con diferentes maestros todas las técnicas de conocimiento interior. En cierto momento el último de sus maestros le dijo:  
- Ahora puedes marcharte y espera tu oportunidad.
El hombre se adentró en las montañas y se instaló en una cueva donde pasaba la mayoría del tiempo en constante meditación. Una noche muy fría se le presentaron tres demonios horribles, rugiendo y lanzando fuegos por sus bocas. El hombre salió corriendo y espantado de aquella cueva. En el frío de la noche se sintió desesperado sin saber qué hacer. Entonces reflexionó y se dijo:
- Ésta es mi oportunidad para poner en práctica todo mi aprendizaje de tantos años.
Entró en la cueva y allí estaban los horribles demonios jadeando y moviendo sus colas dispuestos a lanzarse sobre el hombre. Éste les dijo:
- Ustedes deben hacer su trabajo que es aniquilarme por completo yo en cambio debo hacer el mío que es defenderme de todo aquello que es inútil para mi beneficio. Así que sentémonos y hablemos acerca de nuestros trabajos.
En ese momento los horribles diablos empezaron a empequeñecerse y arrugarse hasta que finalmente se disiparon.
 
Había una vez un cerrajero al que acusaron injustamente de unos delitos y lo condenaron a vivir en una prisión oscura y profunda. Cuando llevaba allí algún tiempo, su mujer, que lo quería muchísimo se presentó al rey y le suplicó que le permitiera por lo menos llevarle una alfombra a su marido para que pudiera cumplir con sus postraciones cada día. El rey consideró justa esa petición y dio permiso a la mujer para llevarle una alfombra para la oración.
El prisionero agradeció la alfombra a su mujer y cada día hacía fielmente sus postraciones sobre ella. Pasado un tiempo el hombre escapó de la prisión y cuando le preguntaban cómo lo había conseguido, él explicaba que después de años de hacer sus postraciones y de orar para salir de la prisión, comenzó a ver lo que tenía justo bajo las narices. Un buen día vio que su mujer había tejido en la alfombra el dibujo de la cerradura que lo mantenía prisionero. Cuando se dio cuenta de esto y comprendió que ya tenía en su poder toda la información que necesitaba para escapar, comenzó a hacerse amigo de sus guardias. Y los convenció de que todos vivirían mucho mejor si lo ayudaban y escapaban juntos de la prisión. Ellos estuvieron de acuerdo, puesto que aunque eran guardias comprendían que también estaban prisioneros. También deseaban escapar pero no tenían los medios para hacerlo.
Así pues, el cerrajero y sus guardias decidieron el siguiente plan: ellos le llevarían piezas de metal y él haría cosas útiles con ellas para venderlas en el mercado. Juntos amasarían recursos para la huída y del trozo de metal más fuerte que pudieran adquirir el cerrajero haría una llave. Una noche, cuando ya estaba todo preparado, el cerrajero y sus guardias abrieron la cerradura de la puerta de la prisión y salieron al frescor de la noche, donde estaba su amada esposa esperándolo. Dejó en la prisión la alfombra para orar, para que cualquier otro prisionero que fuera lo suficientemente listo para interpretar el dibujo de la alfombra también pudiera escapar. Así que se reunió con su mujer y  los ex-guardias se hicieron sus amigos y todos vivieron en armonía.
 
Un día al sur del Himalaya el gran Rey de esas tierras fue visitado por un embajador de Persia que le obsequió con una hermosa espada labrada a mano. Mientras admiraba todo el trabajo hecho en el sable, el Rey se cortó accidentalmente el extremo de su dedo pequeño. Como el Rey estaba sufriendo esta pérdida, su ministro dio un paso hacia el trono y le dijo: - Vuestra real alteza no se lamente por la pérdida de la punta de su dedo, pues siempre todo está dispuesto por Dios.
Al escuchar estas palabras de su ministro el Rey se sintió muy enojado y dijo:    -No puedes apreciar la pérdida de mi dedo porque es mi dedo el que se ha perdido y no el tuyo. Mejor sería que retiraras lo que has dicho no sea que pierdas algo más que la punta de un dedo.
- Su majestad, le hablo con la verdad de mi corazón, - le contestó el ministro - y en consecuencia no puedo retirar lo que he dicho, pues ciertamente todo está dispuesto por Dios, y por su parte mi señor actúe como le dicte su conciencia.
El Rey fuera de sí, lleno de ira por semejante irreverencia llamó a sus soldados para que le detuvieran y le encarcelaran.
Poco después llegó el día de la caza, momento que habitualmente el Rey era acompaño por su ministro. Como éste estaba en prisión el Rey marchó solo. Sucedió que, una vez adentrado en las selvas, el Rey fue atacado y capturado por una banda de caníbales salvajes. Luchando por su vida el Rey fue arrastrado hasta el lugar donde se hacían los preparativos y rituales para los sacrificios humanos. Fue desnudado y bañado en aceites sagrados y conducido al altar de los sacrificios. Momentos antes de ser inmolado, el alto sacerdote advirtió que le faltaba la punta de un dedo.
- Este hombre no es apto para ser sacrificado - dijo el sacerdote - le falta la punta de su dedo y por tanto no es completo, así que es inaceptable.
De esta forma fue llevado a lo profundo del bosque y se le dejó marchar. El Rey recordó emocionado las palabras de su ministro y cuando pudo llegar, con todo su esfuerzo al palacio, fue directamente a los calabozos a liberar a su ministro. - Tu dijiste la verdad - dijo el Rey - si no hubiera tenido cortada la punta de mi dedo hubiera sido sacrificado y devorado por esos caníbales. Seguramente Dios dispuso salvar mi vida. Pero hay algo que no entiendo, ¿por qué Dios dispuso que te pusiera en prisión de manera injusta?
- ¿También esto venía de Dios?.
- Sí - contestó el ministro - si no me hubieras puesto en prisión yo te hubiera acompañado en la cacería como siempre hacíamos y me habrían capturado contigo. Puesto que mi cuerpo está completo y sano yo hubiera sido sacrificado en tu lugar, ya que a ti se te consideró no apto.
 
Había una vez un hombre que trabajaba como conserje en un hospital. Trabajó más de treinta años y llegó el momento de su jubilación. Todos los médicos y enfermeras hicieron para él una fiesta de despedida y cuando estaban todos reunidos, el conserje viejo hablaba con el conserje nuevo que iba a sustituirle; le decía:
- Aquí todos son muy buenas personas y buenos profesionales. Los médicos son gente competente y muy buenos especialistas; las enfermeras igualmente son personas muy entregadas y amorosas. Ahora, ¡eso sí! Han estado todo el tiempo, durante treinta años diciéndome hasta la saciedad: “cuidado con los microbios, atención con la limpieza y la higiene”, ese ha sido su lema todo el tiempo; y la verdad yo nunca he visto uno solo de esos microbios.
 
Al atardecer, un pastor se disponía a conducir el rebaño al establo. Entonces contó sus ovejas y, muy alarmado, se dio cuenta de que faltaba una de ellas. Angustiado, comenzó a buscarla durante horas, hasta que se hizo muy avanzada la noche. No podía hallarla y empezó a llorar desesperado. Entonces, un hombre que salía de la taberna y que pasó junto a él, le miró y le dijo:
- Oye, ¿por qué llevas una oveja sobre los hombros?
 
Lao Tse iba viajando con sus discípulos cuando llegaron a un bosque donde cientos de leñadores estaban talando árboles. El bosque entero había sido talado excepto un enorme árbol con cientos de ramas. Era tan grande que diez mil personas se podían sentar a su sombra. Lao Tse pidió a sus discípulos que fueran a preguntar porque ese árbol no había sido talado.
- Este árbol es completamente inútil. No se puede hacer nada con él, sus ramas  están llenas de nudos. Ninguna es recta y no se puede usar como leña porque produce un humo dañino para los ojos.
Los discípulos informaron al maestro.
- Sed como este árbol, completamente inútiles y entonces creceréis grandes y miles de personas encontraran sombra bajo vosotros. Sé el último. Muévete en el mundo como si no estuvieras. No compitas, no trates de probar que eres digno, no es necesario. Sé inútil y goza
 
Un león fue capturado y encerrado en una reserva donde, para su sorpresa, se encontró con otros leones que llevaban allí muchos años, algunos incluso toda su vida: habían nacido en cautividad. El recién llegado no tardó en familiarizarse con las actividades de los restantes leones, los cuales se asociaban en distintos grupos.
Un grupo era el de los socializantes, otro el del mundo del espectáculo y había un grupo que tenía como objetivo preservar las costumbres, la cultura y la historia de la época en que los leones eran libres. Había un grupos religiosos y otros que atraían a los que tenian talento literario o artístico. Había, finalmente, revolucionarios que se dedicaban a conspirar contra sus captores y contra otros grupos revolucionarios. De vez en cuando estallaba una revuelta y un determinado grupo era eliminado o , resultaban muertos los guardianes del campo y reemplazados por otros guardianes.
El recien llegado reparó en la presencia de un león que parecía estar siempre profundamente dormido. No pertenecía a ningún grupo y estaba ajeno a todos ellos. Suscitaba admiración a unos y hostilidad a otros.
- No te unas a ningún grupo - dijo el solitario - esos pobres se ocupan de todo menos de lo esencial.
- Y, ¿qué es lo esencial? - preguntó el recien llegado
- Lo esencial es estudiar la naturaleza de la cerca
 
Había una vez un hombre que trabajaba como conserje en un hospital. Trabajó más de treinta años y llegó el momento de su jubilación. Todos los médicos y enfermeras hicieron para él una fiesta de despedida y cuando estaban todos reunidos, el conserje viejo hablaba con el conserje nuevo que iba a sustituirle; le decía:
- Aquí todos son muy buenas personas y buenos profesionales. Los médicos son gente competente y muy buenos especialistas; las enfermeras igualmente son personas muy entregadas y amorosas. Ahora, ¡eso sí! han estado todo el tiempo, durante treinta años diciéndome hasta la saciedad: “cuidado con los microbios, atención con la limpieza y la higiene”, ese ha sido su lema todo el tiempo; y la verdad yo nunca he visto uno solo de esos microbios. 
 
Dos hombres, habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos le preguntó al otro:
- ¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?
- No, gracias a Dios, yo lo olvidé todo -  contestó - ¿Y tú?
- Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas - respondió.
Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:
- Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso.
 
Después de haber saqueado una ciudad, un hombre estaba tratando de vender una valiosa alfombra, parte del botín:
- ¿Quién me da cien piezas de oro por esta alfombra? - gritaba el hombre por las calles del pueblo.
Habiendo realizado la venta, se le aproximó al vendedor un compinche del saqueo y le preguntó:
- ¿Porqué no pediste más por esa incalculable alfombra?
El individuo le respondió:
- ¿Pero es que existe un número mayor que cien?
 
Ante una batalla decisiva, el general japonés decidió tomar la iniciativa y  atacar, a pesar de saber que el enemigo era mucho más numeroso. Aunque  confiando en su estrategia, sus hombres estaban temerosos. Camino hacia la confrontación, resolvieron detenerse en un templo. Después  de rezar, el general se dirigió a sus soldados:
- Voy a arrojar esta moneda. Si sale cara, volveremos todos al  campamento.  Si sale cruz, significará que los dioses nos protegen y que  derrotaremos al  enemigo. Ahora se revelará nuestro futuro.
Tiró la moneda al aire y los ojos ansiosos de sus soldados vieron  el  resultado: cruz. Todos vibraron de alegría, atacaron con confianza  y vigor y  pudieron celebrar la victoria al atardecer. Orgulloso, su comandante comentó:
- Los dioses siempre tienen razón. Nadie puede cambiar el destino  revelado  por ellos.
- Tienes razón, nadie puede cambiar el destino cuando estamos  decididos a  seguirlo. Los dioses nos ayudan, pero a veces tenemos que ayudarlos también  - respondió, entregando la moneda a su oficial.
Los dos lados marcaban cruz
 
Érase una vez un hombre que construía un faro en medio del desierto. Todos se burlaban de él y lo llamaban loco.
- ¿Para qué un faro en medio del desierto? - se preguntaban.
El hombre no hacía caso y seguía callado haciendo su labor. Un día por fin terminó de construir el faro. En la noche sin luna y sin estrellas el espléndido rayo empezó a girar en las tinieblas del aire, como si la vía láctea se hubiera convertido en carrusel.
Y sucedió que en el momento que el faro comenzó a dar su luz, surgió de pronto en el desierto un mar iluminado por un río de luz y hubo en el mar buques trasatlánticos, paso de submarinos, de ballenas, puertos con mercaderes de Venecia, piratas de barbaroja, holandeses errantes y sirenas...
Todos se asombraron, menos el constructor del faro. Él sabía que si alguien enciende una luz en medio de la oscuridad, al brillo de esa luz surgirán muchas maravillas
 
Un día Meher Baba preguntó a sus mandalies lo siguiente:
- ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados?
Los hombres pensaron unos momentos:
- Porque perdemos la calma - dijo uno - por eso gritamos.
- Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado - preguntó Baba - no es posible hablarle en voz baja? ¿por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía a Baba.
- Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.
Luego Baba preguntó:
- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
Baba continuó
- Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.
Luego Baba dijo:-
- Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso
 
- ¿Qué es el destino? - le preguntó a Nashrudin un erudito
- Una sucesión interminable de eventos interrelacionados, cada uno influyendo en los demás - dijo
- Pero esa respuesta no me satisface. Yo creo en la causa y efecto.
- Muy bien - replicó Nashrudin - observa eso.
Y apuntó a un cortejo que pasaba por la calle.
- A ese hombre lo van a ahorcar. ¿Lo van a ahorcar porque alguien le dio una moneda de plata que le permitió comprar el cuchillo con el cual cometió el crimen, o porque alguien le vio cometer el crimen, o porque nadie se lo impidió?
 
Un noble inmensamente rico decidió un buen día que debía contar entre su séquito con un rapsoda que compusiera y cantara himnos y alabanzas a su persona. Para ello, mandó contratar al mejor juglar que hubiera en todo el mundo. De regreso, los enviados contaron que, en efecto, habían hallado al mejor rapsoda del mundo, pero que éste era un hombre muy independiente que se negaba a trabajar para nadie. Pero el noble no se dio por satisfecho y decidió ir él mismo en su búsqueda.
Cuando llegó a su presencia, observó al juglar que, además de ser muy independiente, se encontraba en una situación de extrema necesidad.
- Te ofrezco una bolsa llena de oro si consientes en servirme - le tentó el rico
- Eso para ti es una limosna y yo no trabajo por limosnas - contestó el rapsoda
- ¿Y si te ofreciera el diez por ciento de mi fortuna?
- Eso sería una desproporción muy injusta, y yo no podría servir a nadie en esas condiciones de desigualdad.
El noble rico insistió:
¿Y si te diera la mitad de mi fortuna, accederías a servirme?
- Estando en igualdad de condiciones no tendría motivo para servirte.
- ¿Y si te diera toda mi fortuna?
- Si yo tuviera todo ese dinero, no tendría ninguna necesidad de servir a nadie.
 
Era un lechero acaudalado y que contaba con varios trabajadores en su lechería. Llamó a uno de ellos, Ashok, y le entregó una olla llena de mantequilla para que la llevase a un cliente de un pueblo cercano. A cambio le prometió algunas rupias extras. Ashok, muy contento, colocó la olla sobre su cabeza y se puso en marcha, en tanto se decía para sí:
Voy a ganar dos rupias. ¡Qué bien! Con ellas compraré gallinas, éstas pronto se multiplicarán y llegaré a tener nada menos que diez mil. Luego las venderé y compraré cabras. Se reproducirán, venderé
parte de ellas y compraré una granja. Como ganaré mucho dinero, también compraré telas y me haré comerciante. Será estupendo. Me casaré, tendré una casa soberbia y, naturalmente, dispondré de excelente cocinero para que me prepare los platos más deliciosos, y si un día no me hace bien la comida, le daré una bofetada.
Al pensar en propinarle una bofetada al cocinero, Ashok, automáticamente, levantó la mano, provocando así la caída de la olla, que se hizo mil pedazos contra el suelo derramando su contenido. Desolado, volvió al pueblo y se enfrentó al patrón, que exclamó:
- ¡Necio! ¡Me has hecho perder las ganancias de toda una semana!
Y Ashok replicó:
- ¡Y yo he perdido mis ganancias de toda la vida!
 
Las lluvias monzónicas habían llegado a la India. Era un día oscuro y llovía torrencialmente. Un discípulo corría para protegerse de la lluvia cuando lo vio su maestro y le increpó:
- Pero, ¿cómo te atreves a huir de la generosidad del Divino?, ¿por qué osas refugiarte del líquido celestial? Eres un aspirante espiritual y como tal deberías tener muy en cuenta que la lluvia es un precioso obsequio para toda la humanidad.
El discípulo no pudo por menos que sentirse profundamente avergonzado. Comenzó a caminar muy lentamente, calándose hasta los huesos, hasta que al final llegó a su casa. Por culpa de la lluvia cogió un persistente resfriado.
Transcurrieron los días. Una mañana estaba el discípulo sentado en el porche de su casa leyendo las escrituras. Levantó un momento los ojos y vio a su gurú corriendo tanto como sus piernas se lo permitían, a fin de llegar a algún lugar que lo protegiera de la lluvia.
- Maestro - le dijo - ¿por qué huyes de las bendiciones divinas? ¿No eres tú ahora el que desprecias el obsequio divino? ¿Acaso no estás huyendo del agua celestial?
Y el gurú repuso:
- ¡Oh, ignorante e insensato! ¿No tienes ojos para ver que lo que no quiero es profanarla con los pies ?
 
Noori se retiró con un extranjero que fue a visitarle. Ambos se habían lamentado hasta llegar a sollozar juntos. Después de la partida del viajero, Noori dijo a su discípulo:
- ¿Sabes quién era? ¡El Diablo! Me ha hablado extensamente de los servicios que ha prestado a Dios y no le han sido recompensados, y del terrible sufrimiento que experimenta a causa de su separación con el Señor. Y ha llorado. Y yo he llorado con él
 
En China, una helada noche de invierno, un rico mandarín andaba con su gente, ataviado con un cálido abrigo.
Vió a un mendigo tiritando y le preguntó a un sirviente del séquito:
- ¿Por qué  tiembla aquel hombre?
- Porque tiene frio
-¿Ah sí? ¿Y temblar le impide tener frio?
 

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